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18 de mayo del 2012
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El diagnóstico diferencial del sangrado vaginal post-parto incluye
la laceración del canal vaginal durante el parto, anormalidades
placentarias, retención de placenta, atonía uterina y ruptura
uterina. El manejo primario de éstos pacientes incluye la exploración
manual y el potencial curetaje de los productos placentarios retenidos,
el masaje uterino, la administración de oxitocina por vía
intra muscular y/o intra venosa, metilergonovina, prostaglandina F2 o análogos,
las suturas de las heridas o laceraciones, la incisión local y drenaje
de hematomas, y el taponamiento vaginal. La gran mayoría de las
hemorragias post- parto son controladas por éstos medios, con un
significativo hematoma pélvico que se desarrolla en solo 1 de 800
a 900 casos. (6).
Por muchos años la ligadura de arteria hipogástrica con ocasional
ligadura de la arteria ovárica ha sido señalado como un medio
potencialmente efectivo de controlar la hemorragia pélvica de varias
causas incluyendo las traumáticas, el sangrado post- operatorio,
la hemorragia en relación al cáncer y el sangrado obstétrico
refractario a los tratamientos locales. La razón para esta aproximación
estuvo basado en parte por los estudios hemodinámicos de Burchell
(8) en el cual la ligadura de arteria hipogástrica bilateral redujo
el sangrado pélvico en aproximadamente 49% pero redujo la presión
más allá de la ligadura en 85 % mejorando las presiones venosas
efectivamente en el circuito arterial y así produciendo la hemostasis.
Sin embargo, la tasa de éxito reportada de la ligadura de la arteria
hipogástrica ha sido ampliamente variable, promediando de 40 a 100%
en las series contemporáneas ( 8 a 12)
Los resultados de la ligadura hipogástrica bilateral han sido particularmente
pobres en la situación de atonía uterina (9-11). La rápida
reconstrucción de la arteria hipogástrica distal después
de la ligadura proximal ha sido angiográficamente documentada (14).
Clark y colaboradores (9) encontraron un aumento en la pérdida de
sangre en el tiempo quirúrgico y en la morbilidad intra quirúrgica
en los pacientes que fueron inicialmente a ligadura de arteria hipogástrica
que se compararon con aquellos que fueron a histerectomía de emergencia
de entrada; un estudio más reciente (11) encontró resultados
contrarios. Como resultado la decisión de si intentar éste
procedimiento más que proceder directamente a histerectomía
en la situación de emergencia sigue siendo controversial.
La ligadura de la arteria uterina ha sido también estudiada como
un medio de control potencialmente efectivo para preservar la fertilidad
con reportes esporádicos desde el año 1950 que refieren tasas
de éxito de 89 a 90% (15,).
Recientemente el uso de la ligadura de las ramas venosas y arteriales de
la arteria uterina en 265 pacientes con hemorragias por cesárea
desde 1962 a 1992 fue reportado como con una tasa de éxito del 95%
y pocas complicaciones (16). Debería ser notado que la mayoría
de estos casos fueron procedimientos electivos realizados fundamentalmente
con propósitos educacionales y que debido a que los métodos
farmacológicos modernos de control de sangrado no fueron usados,
la mayoría de las pacientes entre la década del 60-70 eran
pacientes directamente quirúrgicas, por lo que actualmente probablemente
muchos pacientes no hubieran sido quirúrgicos. Desafortunadamente
estos factores introducen significativos sesgos en las comparaciones directas
de este estudio con series modernas en pacientes examinados en base a la
emergencia cuando hay refractariedad o fracaso de tratamiento farmacológico.
Sin embargo, estos hallazgos son parcialmente apoyados por un estudio de
Abdwrago(15) quien describió el uso de un protocolo quirúrgico “en
etapas,” para la devascularizacion uterina por sangrado en la cesárea
o en el parto en 103 pacientes, incluyendo la ligadura de la arteria uterina
uní o bilateral en forma secuencial con ligadura de los vasos uterinos
mas distales y ligadura asociada de la arteria ovárica. Mientras
la efectividad de la ligadura de la arteria uterina uní o bilateral
solo fue del 86% cuando se cumplió todo el protocolo de estos autores,
el éxito de control de sangrado sin complicaciones mayores fue del
100%. Los autores hacen notar que la existencia de tal protocolo puede
haber determinado una intervención mas temprana con mas alta tasa
de éxito y menos complicaciones; sin embargo, las ventajas de estas
técnicas sobre la ligadura de la arteria hipogástrica son
claras e incluyen una tasa de complicación mas baja particularmente
en referencia a la injuria del ureter y a oclusiones mas distales de la
circulación arterial con menos potenciales posibilidades de re-sangrado
debido a circulación colateral.
Debido a que la embolización de la arteria uterina, esencialmente
representa un método no quirúrgico de devascularizacion uterina,
con aun menores posibilidades de formación de colaterales, las mismas
razones podrían ser usadas para apoyar o brindarle una fuerte justificación
a su uso antes que a la intervención quirúrgica, en pacientes
con hemorragia post parto.La posibilidad de poder evitar las complicaciones
de las técnicas quirúrgicas y de la anestesia general en
pacientes que podrían ya estar hemodinámicamente inestables,
inclinarían la balanza hacia la técnica de embolización,
fundamentalmente teniendo en cuenta la excelente tasa de éxito terapéutico
de esta técnica a pesar de no existir un Trial controlado randomizado
que compare las dos técnicas en esta situación. La mayoría
de las pacientes con importantes hemorragias post parto que han sido descubierto
tardíamente tienen coagulopatias asociadas no reconocidas (17),
determinando así que la técnica quirúrgica sea aun
mucho mas riesgosa. En cualquier caso, la alta incidencia de coagulación
intra vascular diseminada en estos pacientes y la relativamente alta tasa
de complicaciones asociadas con la cirugía pélvica realizadas
en situaciones de emergencia, dan mejores razones para evitar la cirugía
si fuera posible. Bajo las mejores circunstancias el retro peritoneo es
un área en la cual la mayoría de los médicos obstetras
no opera frecuentemente y tiene por lo tanto menos experiencia. En la situación
de hemorragia pélvica masiva, la visualización del piso pélvico
y de los vasos Iliacos puede ser muy difícil impidiendo la ligadura
de las arterias hipogástricas, lo mas distal posible del origen
de las arterias glúteas superiores; varios casos han sido reportados
en la literatura en los cuales la presencia de un absceso pélvico
o de extensos hematomas impiden el acceso a las arterias hipogástricas
e impiden así la identificación de los vasos sangrantes (18).
La necesidad del cirujano de evacuar un hematoma antes de proceder a la
ligadura arterial o a la histerectomía es otra desventaja del tratamiento
quirúrgico debido a que los hematomas pueden ejercer habitualmente
importantes efectos de taponamiento sobre los vasos que sangran impidiendo
así la exsanguinacion.
En 1979 por primera vez se reporto el uso de la embolización arterial
trans-catéter para el tratamiento de la hemorragia post parto (6).
Los autores describieron un caso en el cual las medidas locales, la histerectomía
trans-abdominal y la ligadura de la arteria hipogástrica fallaron
en detener una hemorragia que ponía en peligro la vida de la paciente;
la embolización de una rama vaginal de la arteria Pudenda Interna
izquierda con partículas de Gelfoam, determino el cese inmediato
del sangrado y la estabilización de la paciente. Varias ventajas
de la embolización en esta situación fueron señaladas:1)
la fácil identificación del sitio del sangrado,2) la preservación
del útero y su fertilidad,3) una teóricamente, disminuida
incidencia de re-sangrado por las colaterales como resultado de la oclusión
mas distal que se obtiene con la embolización en relación
a la ligadura quirúrgica, debido a la tendencia de los émbolos
mas pequeños que preferencialmente entran a los vasos sangrantes
debido a la menor resistencia a ese nivel y4) la capacidad del angiografo
de visualizar, cateterizar y ocluir ramas colaterales que contribuyen al
sangrado. En 1980 Pais y Colaboradores (14) presentaron un caso en la cual
el vaso sangrante no podía ser identificado intra-operatoriamente
ni angiograficamente; ambas arterias hipogástricas fueron embolizadas
con un exitoso control de sangrado a pesar de no visualizar el vaso sangrante.
Abdwrago, cito que el umbral para poder detectar el sangrado angiograficamente
es de 1 a 2 ml./min y lo puntualizo como una desventaja del manejo percutáneo.Sin
embargo, reportes subsiguientes, han confirmado la capacidad de la embolización
arterial transcatéter para obtener hemostasis, a pesar de no visualizar
el vaso que esta sangrando (19-20), lo cual es actualmente una importante
ventaja de la embolización sobre el tratamiento quirúrgico.
Otros factores, que contribuyen a la excelente tasa de éxito que
tiene la embolización uterina en la hemorragia post parto, incluyen,
su facilidad en evaluar si el tratamiento fue efectivo o no, realizando
una arteriografía post embolización y también la facilidad
de poder repetir la embolización en los mismos u otros vasos para
optimizar el resultado terapéutico. Mientras inicialmente se pensó,
que el manejo angiografico del sangrado podría significar una perdida
de tiempo en situaciones de emergencia, el advenimiento de la tecnología
digital, ha reducido el tiempo del procedimiento aproximadamente a 1 o
2 horas obteniéndose la hemostasis, habitualmente, en mucho menor
tiempo.
En forma global, la investigación de la literatura inglesa, nos
ha proporcionado 49 casos en los cuales la embolización arterial
transcatéter fue exitosa en el control del sangrado post parto (6-13-14-17-19-27);
de estos casos, en uno solo de ellos, la sutura de una laceración
vaginal, después de la embolización, fue requerida para detener
el sangrado.
No se han reportado fracasos de la embolización en las situaciones
de hemorragia post parto. 18 casos adicionales de sangrado post cesárea
han sido reportados (13-20-21-28-32); la embolización arterial transcatéter
fue exitosa en 16, uno de esos pacientes requirió dos intentos de
embolización; en este paciente se obtuvo éxito, cuando se
asocio la embolización de la arteria Ovárica a la embolización
de ambas arterias Iliacas Internas bilaterales (21). Dos fracasos post
cesárea, han sido reportados; en 1985 Rosenthal y Colapinto (28),
reportaron un paciente quien solamente respondió al tratamiento
quirúrgico después que había fracasado la embolización.
Los autores atribuyeron el mal resultado angiografico a su fracaso, en
no obtener arteriografías pélvicas selectivas bilaterales
y enfatizaron la necesidad del cateterismo selectivo o súper selectivo
en todos los pacientes con sangrado, no importa si la arteriografía
demuestra o no extravasación. En 1987 Shweni y col, describieron
un fracaso de la embolización transcatéter con subsiguiente
histerectomía posterior. En el caso original descripto por Heaston
(6) los autores notaron que la ligadura de la arteria hipogástrica
previa al procedimiento, determino una significativa dificultad en acceder
a los vasos sangrantes y solo una evaluación detallada y un conocimiento
de las colaterales pélvicas les permitió alcanzar el éxito.
La experiencia publicada con sangrado post aborto esta limitada solo a
2 pacientes, en los que una embolización arterial con partículas
de Gelfoam produjo excelentes resultados (33).
A pesar de la satisfactoria tasa de éxito reportada por la ligadura
de la arteria uterina y de la ausencia de trials comparativos controlados,
nosotros creemos que la literatura existente nos brinda suficiente justificación
para recomendar el uso de la embolización de la arteria uterina
como tratamiento electivo de la hemorragia refractaria post parto. Nosotros
basamos nuestras conclusiones en varios factores: 1- Hay una alta tasa
de éxito reportada de la embolización, en las situaciones
de hemorragia post parto, post cesárea (97% de tasa de éxito),
con pocas complicaciones (6-7%). 2- Hay una gran experiencia con embolizaciones
en situaciones similares, es decir por Ej. traumas pélvicos con
hemorragia masiva, etc. Como se discutió previamente, varios estudios
han claramente demostrado que la embolización en situaciones de
emergencia es practica y que su inclusión en el algoritmo de las
hemorragias pélvicas traumáticas, resulto en una significativa
disminución de la morbi-mortalidad. 3- Los mas importante, es el
hecho de que la opciones quirúrgicas, se pueden siempre utilizar
en los casos de fracaso de la embolización, mientas que la ligadura
arterial, que fracaso en reducir el sangrado, hace imposible o muy dificultosa
la embolización posterior, determinando que quede como única
opción para el paciente, la histerectomía. En otras palabras,
la mayoría de las pacientes (aparentemente mas del 95%) podrían
ser exitosamente estabilizados solamente con embolización.
En los casos de fracaso de la embolización,como resultado de la
incapacidad o imposibilidad técnica de embolizar las arterias responsables,
la ligadura de la arteria Uterina podría todavía ser realizada,
la capacidad de usar ambos procedimientos secuencial mente, permitiría
obtener una tasa mucho mas baja de histerectomía o exsanguinacion..
Los pacientes que continúan sangrando a pesar de la embolización
exitosa bilateral de las A. Uterinas , probablemente no se beneficien de
la ligadura uterina y sean mejores candidatos a la ligadura y/o embolización
de la arteria Ovárica. De esta manera, la embolización comparada
con la devascularizacion quirúrgica de las arterias uterinas propuesta
por Abdwrago (15), debería brindar mejores resultados finales.
Autor: SureshVedentham,MD Scott C Goodwin,MD Bruce. Mc Lucas, MD Gregory Mohr, MD
Ultima actualizacion: 18 de Agosto de 2003